¡Oferta del mes de abril! Descubre a Xavier Soler

¡El mes de Xavier Soler!

Podéis disfrutar de un 15% de descuento en todas las obras del célebre artista si realizáis la compra antes de que acabe el mes de abril. Disponemos de un total de 12 obras, entre las cuales, destacamos las siguientes:

  • Paisaje 80 (Óleo)
  • Paisaje 90 (Óleo)
  • Paisaje montañas moradas (Óleo)
  • Guadalest (Óleo)

Para los que no conozcáis a este célebre pintor, os dejamos una biografía muy detallada de la vida del artista donde recopilamos toda su trayectoria profesional.

Xavier Soler (1923-1995): Entre la nómina de pintores que recibieron la influencia de Parrilla, al menos en sus primeros momentos, se encuentra este alicantino, cuyo arte será expresión de pincelada rápida, casi asociada a la caligrafía oriental, y suprema belleza cromática. Con Parrilla y su posterior estancia en Madrid, donde visita el Museo del Prado, su pintura es capaz de entablar un diálogo efectivo con el clasicismo del que lentamente se irá desprendiendo.
Se presenta al público por primera vez en la exposición colectiva celebrada en 1940 en el cine Monumental de Alicante. En 1944, acude de nuevo a la muestra organizada por la Diputación aportando un conjunto de diecisiete obras. A lo largo de este decenio, 1940-1950, deja atrás el magisterio de Parrilla, para acogerse, como muchos artistas de su generación, al poder de atracción de Varela.

El artista va desarrollando diversos temas entre los que ocupa un lugar destacado el retrato, siendo uno de los primeros el realizado en 1941 a su amigo Daniel Fenoll. Mientras tanto, Soler, que se ha matriculado en la carrera de Farmacia, marcha a Granada para cursar sus estudios. De su estancia en dicha capital, es “Interior de dormitorio con figura” de 1947, motivo que reproduce el dormitorio de la pensión en la que reside llamada “La Murciana”. En la misma ciudad andaluza presenta en 1949 en el Centro Artístico la que está considerada su primera muestra individual.

Esta primera etapa aparece dominada por una factura todavía algo prieta, al tiempo que se muestra interesado por los efectos del claroscuro. De esta corriente participa el óleo titulado “Sillones enfundados”, también llamado “Interior”, célebre tela por la que consigue en 1951 un primer Premio en el Concurso Provincial de la Diputación alicantina. Hay algo de misterioso y fantasmagórico en esta composición en la que los protagonistas son un grupo de sillones enfundados. Con el recurso de un balcón abierto permite la iluminación de la estancia.

Al mismo año pertenece “Sombrerería”, obra en la que crea un espacio interior de gran poder evocador. Pese a no estar fechado, todo hace suponer que un cuadro como “Interior con figuras” pueda incluirse en un límite cronológico comprendido entre finales de 1940 y principios de la década siguiente.
La bibliografía sobre el autor está de acuerdo en considerar el año 1953 como el que marca un cambio decisivo en su pintura. El viaje a París va a resultar decisivo y de gran provecho por las consecuencias que tendrá en su evolución estilística. En la capital de Francia descubre todo un mundo de novedades que le ayuda a alumbrar un nuevo lenguaje basado en una pincelada mucho más suelta y de gran poder colorista que parece derivar en particular del pintor francés Raúl Dufy.

Su pintura cobra un aire diferente. A partir de este momento, Xoler irá arrinconando poco a poco pero con decisión, el estilo practicado hasta entonces. Todavía su impronta anterior está presente en “Conversación de ancianas”, merecedor de un primer Premio Nacional de la Diputación de Alicante en 1954. La técnica del “gouache” o aguada la descubre en su primer viaje a París en 1953.

Allí permaneció por espacio de seis meses contando con el apoyo y la ayuda del embajador de España en Francia, el conde de Casa Rojas. Lo que vio constituye todo un deslumbramiento para el pintor, aunque no por ello dejará de considerar la importancia intrínseca de no pocos de nuestros pintores, tanto alicantinos como del resto de España. Más trascendencia para su arte tendrá el conocimiento de la técnica de la aguada.

Las ventajas eran muchas, pues a la rapidez de la ejecución que impone el hecho de que los colores estén desleídos en agua, se suma el que al emplear el blanco de plomo proporciona una mayor opacidad a los diferentes tonos, por lo cual el pintor puede rectificar a su antojo lo realizado con anterioridad, otorgando una densidad a la pincelada de la que carece la acuarela.
Como reconocería más tarde, la aguada era el procedimiento ideal para los viajes. Ella se convertirá en compañera inseparable hasta sus últimos días, dejando una obra abundante como “Paisaje”.

No obstante, como ha advertido Bauzá, pese a que la apariencia le hace pertenecer a la vieja etapa, “la pintura se ha hecho más plana y las figuras aparecen como recortadas y pegadas sobre un telón de fondo que ha perdido su anterior categoría. Los colores inducidos… pierden importancia a favor del color local.

Existe una manifiesta represión de los típicos blancos y, por el contrario, la paleta, aun conservando su base favorita de ocres y verdes, se aclara”. Las imágenes que suscita su pintura se convierten en esta segunda etapa de su vida artística en signos de potente fuerza creadora alimentada de una irrefrenable vitalidad.

La contemplación de sus cuadros, y éste es uno de sus mayores logros, provoca en el público una pura incitación al goce visual de manera tan personal que no ha tenido seguidores ni imitadores.

Sin más, esperamos que os gusten sus geniales obras.

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